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NOTA DE OPINION

Tras la renuncia del Dr. Eugenio Zafaroni como Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación a fines del año pasado, el máximo tribunal ha quedado diezmado en su formación, ya que la ley indica que debe estar conformado por cinco miembros y en la actualidad solo está integrado por cuatro jueces.-

Esto sucede por la actitud antirrepublicana y dilatoria de cierta parcialidad política opositora dentro de la cámara alta del Poder Legislativo, ya que el Ejecutivo, por su parte y  cumpliendo con los plazos establecidos por la ley, presentó ante el Senado de la Nación el pliego del Dr. Roberto Carles como candidato a integrar el Tribunal Supremo pero, lamentablemente para las instituciones de la Patria, aún no ha conseguido la aprobación de los dos tercios de la Cámara alta, tal como indica la Constitución Nacional.-

Esta penosa y doliente situación se genera gracias a una suerte de connivencia o pacto espurio en el que Senadores opositores “se comprometieron” a no dar acuerdo para que ningún candidato, sea quien fuere, pueda ser electo Juez Supremo antes de que culmine el mandato presidencial de Cristina Fernández de Kirchner, evadiendo así sus responsabilidades institucionales y privándonos a todos los argentinos de contar con una Corte Suprema integrada tal como indica la ley.-

Así las cosas, el máximo tribunal esta hoy integrado por cuatro jueces que aportan más incertidumbres que certezas sobre la validez jurídica de sus decisiones. Por su parte, Ricardo Lorenzetti, actual Presidente de la Corte Suprema parece haber sido reelecto en su cargo en forma anticipada y mediante una acordada que indica haber sido firmada en el despacho del máximo Tribuna y con acuerdo de sus miembros, aunque luego nos enteramos que no fue así.

No fue así porque el cuasi centenario Ministro Carlos Fayt (97 años de edad y 30 como Juez de la Corte) hace meses que no asiste a las reuniones en el palacio de Tribunales, hace meses que firma las sentencias del máximo órgano del Poder Judicial desde su casa, donde, según expresiones vertidas en la última semana por su hija, “goza de muy buena salud y envidiable vitalidad”.-

No resulta importante el estado de salud del añejo Ministro de la Corte, tampoco su vitalidad, lo que realmente genera una gravísima situación incertidumbre institucional es no saber a ciencia cierta si el Dr. Carlos Fayt comprende lo que firma, o lo que le hacen firmar. La duda sobre su discernimiento es aterradora para la Republica, alguien se puso a pensar ¿Por qué Fayt firmó una acordada que dice estar en un lugar, cuando realmente estaba en otro?, ¿Fayt leyó la acordada para la prematura reelección de Lorenzetti como Presidente del máximo Tribunal?, ¿Fayt, entiende que esta en su casa y no en el recinto de la Corte?

Claramente los interrogantes no dejan de aparecer cuando uno analiza el escenario descripto y resulta valido preguntarse si ¿Fayt ha decidido voluntariamente llegar hasta aquí o ha sido empujado por intereses ajenos a su persona?, ¿Quién o quienes se benefician con esta situación?, al parecer Lorenzetti podría ser uno de ellos, pero ¿Por qué Maqueda y Highton de Nolasco son funcionales a esta realidad y la avalan con su inacción?, ¿Acaso ellos también defienden intereses corporativos?

Vale la pena aquí recordar que si bien la Constitución Nacional, a partir de la reforma del año 1994, impone a los jueces de la Nación la edad máxima de 75 años como límite temporal para el ejercicio de sus funciones, una acordada de la Corte Suprema, firmada por el propio Fayt, en beneficio del propio Fayt y a pedido del propio Fayt, indica que aquellos Jueces que hayan sido nombrados antes de la reforma mencionada gozan de sus cargos en carácter vitalicio.

Es también a través de una acordada de la propia Corte, en una sobredimensionada interpretación del concepto de intangibilidad de los sueldos, que los Jueces están exentos de pagar impuesto a las ganancias cual si fueran distintos al resto de los argentinos, pero eso es harina de otro costal.-

Lo cierto es que por el cumulo de distintas anomalías nuestro país está al borde de una crisis político - institucional sin precedentes en nuestra historia. El Poder Judicial, aquel que históricamente y malintencionadamente ha sido calificado como ajeno a las cuestiones políticas desde las tribunas de doctrina y desde los medios de comunicación, resulta ser hoy, en connivencia con parte del Poder Legislativo, el actor político central en la verdadera lucha de poder, o mejor dicho, en la verdadera defensa del poder real corporativo.-

Resulta un tanto evidente el rol político y desestabilizador que cumple el actual Presidente del máximo Tribunal, anticipando su reelección (su mandato culmina en 2016) con algunos vicios de ilegalidad, sembrando dudas y desconcierto en la comunidad enviándole una carta un reconocido jurista informando su renuncia, renuncia que luego fue desmentida por los demás miembros de la Corte, o mejor dicho, por los demás miembros sin Fayt, que está en su domicilio gozando de muy buena salud y envidiable vitalidad.-

Deviene inevitable a esta altura solicitarle, tanto a los miembros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación como a los Senadores de la Nación, que estén a la altura de las circunstancias y asuman la responsabilidad de garantizar el correcto funcionamiento de las instituciones de la Republica. De nada sirve llenarse la boca hablando de los valores democráticos y republicanos en los medios de comunicación, como nos tienen acostumbrados los políticos opositores, si con sus acciones no hacen más que vilipendiar, denigrar e insultar a nuestra Constitución Nacional y a los principios e instituciones por ella consagradas.-