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Lunes 20 Noviembre de  2017 12:35

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Cómo se desecha la basura nuclear

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Los desechos altamente radiactivos son letales y su peligrosidad subsiste por siglos. Si alguien permaneciera durante 10 minutos a 10 metros de una pequeña cantidad de materia radiactiva recién desechada de un reactor, solo tendría 50% de probabilidades de sobrevivir. El combustible sobrante de un reactor nuclear contiene una mezcla de elementos radiactivos de alta peligrosidad, como plutonio, estroncio y cesio.

Por fortuna, no abunda este tipo de basura. Una planta nuclear que genere 1.000 megavatios de electricidad, produce aproximadamente 2 metros cúbicos de desechos al año.

Los residuos nucleares se eliminan en diversas formas. A veces se almacenan en tanques con doble pared de acero que tienen un recubrimiento de concreto cuyo grosor es de 1 metro. Pero gran parte de los desechos se sumerge, con su funda original, en pozos especiales próximos a las plantas nucleares. Sin embargo, esta no es una solución definitiva.

En ocasiones los desechos nucleares se almacenan en forma líquida, en tanques como los descritos. Los residuos generan calor al descomponerse los átomos, por lo cual los tanques deben enfriarse para evitar que el líquido hierva y provoque una fuga. Por lo tanto, se bombea agua fría a través de serpentines interiores de los tanques.

No obstante que los tanques se han usado durante 40 años, también son una solución temporal. Quizá el mejor remedio sea, por ahora, fundir los residuos en cilindros de vidrio para enterrarlos a gran profundidad. Desde 1978 se hace esto en una planta experimental de Marcoule, Francia.

Allí el desecho se seca y se reduce a un residuo sólido al calentarlo dentro de un cilindro giratorio. Luego se mezcla con sílice, boro y otros materiales usados para fabricar vidrio; se vacía en una cámara vertical y se calienta a 1.500 °C. Del fondo emerge vidrio fundido que se vierte en recipientes de acero inoxidable. El desecho anual de una planta de 1.000 megavatios llena 15 de tales recipientes, cuyas tapas se sellan al endurecerse el vidrio.

Luego los desechos se almacenan en fosas especiales de un edificio contiguo a la planta. Cada recipiente produce 1,5 kilovatios de calor y se enfría con aire.

Los residuos tratados de esta manera no presentan riesgo mientras se mantengan bajo continua vigilancia, lo cual puede dejar de ocurrir con el tiempo.

Se ha pensado en recubrir los recipientes con hierro fundido o cobre, para almacenarlos en cavernas subterráneas. De recurrirse a esto, se colocarían en hoyos para cubrirlos con concreto o con bentonita, especie de una arcilla que absorbe las fugas radiactivas.

Los recipientes deben durar hasta un milenio sin corroerse ni dejar escapar el material radiactivo. Al cabo de 500 años la radiactividad será aproximadamente la del mineral de uranio natural. Los expertos creen que si las cavernas están bien situadas y tienen la profundidad suficiente -de varios cientos de metros-, el material radiactivo tardaría un millón de años en alcanzar la superficie. Para entonces, se habría desintegrado casi en su totalidad.

La dificultad radica en encontrar lugares donde los pobladores permitan almacenar los desechos nucleares. Nadie acepta la idea de tener un depósito de desechos radiactivos cerca de su hogar. A fin de cuentas, quizá las autoridades responsables de manejar este tipo de basura se vean obligadas con el tiempo a excavar fosas bajo las plantas de tratamiento existentes, o en el subsuelo marino, en vez de seguir intentando encontrar posibles basureros nucleares en la superficie terrestre.

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