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Viernes 24 Noviembre de  2017 08:19

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La satisfacción duradera puede ser nuestra si buscamos en el lugar correcto.

¿Una cena a la luz de las velas para dos, un viaje anhelado a un lugar exótico, las llaves de un auto nuevo? Claro, todo eso eleva nuestro estado de ánimo por un rato pero para lograr efectos de larga duración, la nueva evidencia señala un camino diferente.

Los investigadores que estudian por qué algunas personas son más felices que otras revelan que cerca de la mitad de esa diferencia se hereda de sus padres biológicos. Otra porción se ve influida por circunstancias de la vida, dejando alrededor de un 40 por ciento bajo su propio control.

El estudio de los gemelos Landmark, en la Universidad de Minnesota, encontró que aproximadamente el 50 por ciento de la diferencia en la felicidad de una persona a otra es determinada genéticamente. No heredamos rasgos particulares que nos hacen más o menos optimistas sino que nuestro ADN es responsable de lo que los investigadores denominan un “punto de referencia de felicidad”.

“Uno puede ganarse la lotería y eso aumentaría temporalmente la felicidad... y una muerte en la familia lo deprimirá, pero se repondrá de ella”, dice Kevin Haroian, director del Centro de Minnesota para la Investigación de Gemelos y Familia. “Siempre uno pasará a través de colinas y valles en la vida, pero la actitud general global es el punto de referencia de felicidad”.

Un 10 por ciento adicional de la diferencia en los niveles de felicidad se ve influido por circunstancias de la vida y factores ambientales que pueden cambiar a diario, dice Sonja Lyubomirsky, investigadora de la felicidad en la Universidad de California, Riverside. (Piense en el estímulo que obtiene cuando recibe un elogio por un trabajo bien hecho o cómo su estado de ánimo se deteriora cuando el clima está triste y lúgubre).

“Cambiar nuestras actividades intencionalmente puede proporcionar un potencial de aumento en la felicidad tan grande como el cambio de las circunstancias a las que nos enfrentamos”, explicó.

La investigación apunta a cuatro áreas clave donde, si queremos, podemos cosechar el mayor beneficio para nuestra felicidad y hacerla duradera: la familia, la comunidad, el trabajo y la fe.

Familia

En 1938, el Estudio Grant —que aún está en desarrollo— fue puesto en marcha en la Universidad de Harvard, para dar seguimiento a las vidas de 268 estudiantes de Harvard de 18 años en adelante y determinar, entre otras cosas, qué características, hábitos y experiencias de vida permiten que las personas prosperen.

El estudio confirmó varias cosas que el sentido común nos dice que son ciertas: que tener una infancia amo- rosa predice felicidad en la vida adulta, que los hombres son más felices en sus años maduros si están cerca de sus hijos y que uno de los factores predictivos de la felicidad en la vejez es tener un buen matrimonio.

El secreto de la felicidad es dar y aceptar el amor, dice el doctor George Vaillant, director del Estudio Grant de 1972 a 2004, porque la gente lo necesita para establecer conexiones significativas con otras personas con el fin de sentir alegría genuina.

“Lo que caracteriza a las emociones positivas como esperanza, fe, amor, admiración, gratitud, las cuales conducen a la felicidad, es que uno no puede sentir ninguna de ellas si no tiene una conexión”, dice Vaillant.“No siente alegría, amor o compasión en una isla desierta”.

Los hombres del Estudio Grant que nunca se permitieron dar y recibir amor plenamente (incluso si
eran casados) fueron algunos de los casos de estudio más infelices. “El amor es peligroso porque nos hace vulnerables”, dice Vaillant.
Si uno no nació en una familia amo- rosa, puede crear su propia “familia” con amigos o familiares; las conexiones sanguíneas son irrelevantes, siempre y cuando se trate a su “familia” como tal. “No es que los familiares sean tan importantes, es la capacidad tanto de hacer conexiones como de aceptar conexiones”, dice Vaillant. “Dar y aceptar amor tiene que ser una calle de dos vías”.

Comunidad

La comunidad que uno construye en torno a sí mismo —sobre todo los amigos— puede ayudar a aumentar la felicidad. Sin embargo, no es suficiente rodearse de cuerpos tibios para obtener la verdadera alegría de la amistad, hay que generar confianza y fiabilidad.

“Todas las personas felices tienen relaciones cercanas, por lo menos unas pocas personas con las que real- mente pueden contar”, dice el doctor Ed Diener, profesor de psicología de la Universidad de Illinois e investigador principal en el campo de la psicología positiva, que además señala que las amistades significativas deben ser recíprocas. “Sea una persona en quien los demás puedan confiar. Las investigaciones de- muestran que las personas más felices tienden a pensar en los demás, no solo en sí mismas”.

Algunas personas creen que los amigos no son tan importantes como los familiares —porque ciertas amista- des se disuelven cuando alguien cambia de trabajo o se muda de una ciudad a otra—, pero los estudios han demostrado que ambos sistemas de apoyo proporcionan beneficios que aumentan la felicidad.

La amistad puede ser especialmente gratificante para las personas que tienen intereses radicalmente diferentes a los de otros miembros de su familia. A diferencia de sus familiares, uno puede elegir a los amigos para poder crear una comunidad de apoyo de personas con ideas afines y pasiones similares.

“Podría ser que estamos programa- dos para sentirnos más relajados y felices cuando estamos rodeados de personas solidarias”, dice Diener. “Los estudios fisiológicos han encontrado que tener un amigo al lado hace que una colina luzca menos empinada, nos genera menos ansiedad acerca de una situación estresante”.

Las personas solitarias sin confidentes tienden a ser infelices. Hoy, con una mayor dependencia a la tecnología y el teletrabajo, hay más individuos aisladas. La Encuesta Social General (GSS, por sus siglas en inglés) descubrió que en los Estados Unidos, en 2004, uno de cada cuatro personas no tenía a nadie con quien hablar sobre acontecimientos significativos. La soledad afecta negativamente a la salud y la longevidad, por lo que vale la pena cultivar relaciones significativas. Aunque es posible que uno no pueda alterar su punto de referencia de felicidad, es posible cambiar hábitos como los pensamientos negativos que pueden sabotear la amistad y la felicidad.

“Concéntrese en lo que es bueno en la gente y lo que va bien en su vida”, recomienda Diener.

Trabajo

El trabajo proporciona sentido y propósito a su vida, y está estrechamente vinculado con la felicidad. Los estudios han demostrado que ser des- pedido del trabajo motiva un colapso severo en la felicidad del cual muchas personas no se recuperan completa- mente, incluso varios años después, una vez que han encontrado otro trabajo.

Una encuesta realizada en 2010 sobre las condiciones de trabajo de los europeos encontró que, en la mayoría de los países del Viejo Continente, el 80 por ciento o más de los encuesta- dos dijo que su empleo le daba una sensación de trabajo bien hecho. Del mismo modo, el presidente del Instituto Americano de la Empresa, el doctor Arthur C. Brooks, utilizando datos del GSS, descubrió que más del 80 por ciento de los estadounidenses esta bastante satisfecho o muy satisfecho con su puesto de trabajo.

La mejor manera de aumentar la felicidad personal a través del trabajo es encontrar placer en lo que uno hace. “La clave es trabajar de manera que sus habilidades coincidan con sus pasiones”, dice Brooks. “Tiene que crear valor en su vida y en las vidas de los demás”.

El valor significa diferentes cosas para diferentes personas. Para quien es el sostén de la familia, tener la capacidad de solventar económicamente a la familia es gratificante, pero tener que pasar demasiado tiempo en la oficina puede ser contraproducente; los adictos al trabajo pueden quedar atrapados en su trabajo significativo a expensas de otras fuentes de felicidad.

“Se ven recompensados por el trabajo, pero no ven tan a menudo a los otros tres [familia, comunidad y fe] y se preguntan ‘¿Por qué estoy tan triste?’”, dice Brooks. “Para su cartera de felicidad, tiene que pensar en esas cuatro cosas, no solo en el trabajo”.

Puede estimular su estado de ánimo a través del trabajo, incluso si este no es remunerado, siempre y cuando sea un apasionado de lo que hace. Criar a los hijos y el voluntariado fuera del hogar califican como trabajo significativo desde el punto de vista de felicidad.

“Es la creencia de que está ganando su éxito”, dice Brooks. “No importa si está ganando dinero”.

Fe

En el siglo XXI, cuando la gente parece estar más interesada en el dinero, la cultura pop y los dispositivos tecnológicos que en los antiguos valores como la espiritualidad y la religión, es saludable saber que uno puede confiar en la fe y la espiritualidad para convertirse en una persona más feliz. Eso se debe en parte a que, para seguir una fe, lo más probable es que tendrá que formar parte de una comunidad, y pertenecer a un grupo con ideas afines produce sentimientos positivos.

“Todo el objeto de la espiritualidad es la conexión”, dice Vaillant. “Ello casi siempre involucra a la gente. Es muy difícil hacer espiritualidad por sí mismo”.

Innumerables estudios y encuestas han demostrado que, como grupo, las personas religiosas y espirituales son más felices que las personas que no confían en su fe, probablemente debido a sus conexiones interpersonales. Pero esto no significa que uno deba seguir una religión organizada para obtener los beneficios. La fe también puede aplicarse a situaciones seculares.

“La esperanza, la confianza, el perdón, el temor, son todas emociones que conducen a la felicidad o el bienestar, pero a menudo son confundidas con la religión en lugar de con la salud mental”, dice Vaillant. “No sé si Einstein cruzó alguna vez la puerta de una sinagoga, pero pasó toda su vida hablando del asombro, de la creencia en un poder superior a sí mismo”.

Mientras que algunas personas interpretan la fe en el sentido de la con- fianza, otras la identifican con sus sistemas de creencias. Para aquellos que equiparan la fe con la religión, hacer un esfuerzo consciente para asistir a eventos espirituales puede ayudar a las personas con menos conexiones sociales a interactuar con un grupo significativo de personas que comparte valores similares. Vaillant encontró que los hombres del Estudio de Grant que tenían una estrecha relación con los miembros de sus familias extendidas eran menos propensos a buscar experiencias espirituales, pero los hombres que estaban desconectados de los amigos y la familia se hicieron cada vez más religiosos con el tiempo.

“La fe proporciona comodidad”, dice Vaillant. “Se obtiene un bienestar o conexión donde puede. Si no se tiene una esposa cariñosa de 50 años y 12 nietos devotos, tal vez sea una buena idea ir a una peregrinación espiritual”.

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